El oro, valor de transacción muy apreciado, ofrecía también a Egipto la posibilidad de negociar con los pueblo fronterizos y jugar un papel importante en su diplomacia. Así pues, la extracción del oro estaba rigurosamente organizada. El Imperio Romano produjo probablemente entre cinco y diez toneladas en varias regiones de España, Portugal y Africa. Se apreciaba el oro por sus cualidades estéticas, especialmente en la fabricación de alhajas, joyas, esculturas...
Mucho antes de las exploraciones españolas, la civilización peruana poseía ya una técnica muy desarrollada del oro, recuperado en el lecho de los ríos a partir del año 1.200 antes de JC.
Muy pronto empezaron a trabajar el oro obtenido, de una pureza perfecta. Cortado en láminas finas servía ya para dorar y decorar. Hacia el año 500 antes de JC, durante casi un siglo, los pueblos del sur de Perú afinaron su técnica hasta obtener un polvo de oro que mezclado, especialmente con cerámica, permitía obtener objetos de gran calidad.
El Imperio Chimu, desde el año 150 hasta el 1450 después de JC, situado al norte de Perú e influenciado por México, trabajó el oro a altas temperaturas pudiendo así crear objetos más complejos con componentes variados, -por ejemplo el platino-, que se afinaban después con ácidos vegetales.
Con la invasión inca, el oro revistió un carácter primordial en la civilización convirtiéndose en símbolo del Dios Sol. La capital inca del Sol estaba prácticamente recubierta de oro, incluso en los jardines las representaciones de animales y vegetales estaban hechas de oro y plata. Con el fin de satisfacer sus necesidades en oro, los incas desarrollaron técnicas muy complejas para su extracción.
Aunque utilizados de manera cada vez más moderada, algunos productos acabados o procedimientos de fabricación siguen requiriendo el uso de metales raros o preciosos. El titano, cobalto, vanadio, y molibdeno son metales raros, y el oro, la plata, el platino y el paladio metales preciosos.
Los residuos que contienen metales raros y preciosos se encuentran en las imprentas, la industria del fotograbado, las industrias y laboratorios fotográficos y cinematográficos, los centros de radiología médica, las joyerías, las ofebrerías, las unidades de tratamiento de superficies. El material electrónico contiene metales raros y preciosos de manera importante.